Mentiras triunfadoras

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El precio de la verdad

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“El periodismo consiste esencialmente en buscar la verdad”, Stephen Glass, protagonista de El precio de la verdad.

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El periodismo se debe caracterizar por la difusión de informaciones de carácter veraz. Sin embargo, se trata de un mundo en el que el éxito y las ansias de lograr la fama llevan en ocasiones a desvirtuar este principio básico de transmitir hechos noticiosos y ciertos. Esto le sucede al protagonista de El precio de la verdad: Stephen Glass es el redactor más joven de la revista de Washintong DC, The New Republic, el medio de referencia entre la clase alta norteamericana en 1998. Un periodista ambicioso que quiere impulsar su carrera a toda costa, y por ello no se priva de inventar noticias y personajes con el fin de llegar a lo más alto.

Glass logra burlar en sus reportajes el exhaustivo método que emplea The New Republic, para corregir y comprobar todo lo que se publica en el medio. Un sistema de corroboración de datos que el mismo Glass explica en una charla a futuros periodistas, “una prueba de fuego de tres días”:

“Cuando llega un escrito va a parar a un redactor que lo edita en el ordenador, llama al autor y este hace sus revisiones. El artículo pasa a un segundo redactor y el autor lo vuelve a revisar. Luego se verifica para que todos los datos del artículo, las fechas, los títulos, todos los lugares o aseveraciones se comprueben y corroboren. Después, el artículo va a parar a un redactor que lo examina una vez más, y luego pasa a unos abogados que aplican sus propios baremos. Marty (dueño del periódico) también le echa un vistazo. Luego pasa a maquetación, donde se diseña el ancho de las columnas y el tipo de letra. Después vuelve a imprimirse, vuelve al autor, al corrector, al primer redactor, al segundo redactor, al revisor de datos, al autor, y a maquetación. Una vez hecho este proceso, se vuelve a imprimir y pasa de nuevo por todos”.

Sin embargo, el mismo personaje demuestra con sus actos que esta “prueba de fuego de tres días” para comprobar todo lo que la revista publica, tiene agujeros suficientes como para filtrar noticias cuya esencia no es más que una invención de su autor. El sistema de comprobación de datos tiene algunos errores: se suelen comprobar mediante alguna clase de fuente como publicaciones especializadas o bases de datos, pero en ocasiones, las únicas comprobaciones disponibles son las anotaciones del reportero. Unas anotaciones que Glass entregará siempre a los correctores para que éstos las contrasten con la información que se publica, pero que no se tomaron en el momento en que sucedían los hechos, sino que el periodista las redactó tranquilamente sentado en su escritorio, inventando nombres, fechas, teléfonos, empresas y lugares a su conveniencia.

Este film, basado en hechos reales, plasma la distorsión de los principios básicos del periodismo, que se ven perturbados cuando quien ejerce la profesión antepone la búsqueda de su éxito personal a la labor de formar a la opinión pública transmitiendo hechos veraces.

El cinismo que muestra el protagonista al entregar a The New Republic, falsedad tras falsedad, los plasma a la perfección el mismo personaje cuando en una escena dice a uno de sus compañeros de la revista: “si no está comprobado, no lo entregues y punto”.

ImagenLa carrera de Stephen Glass parece que se impulsa sin fin cuando de repente todo se desmorona: Adam Penenberg, del medio nativo digital de Nueva York Forbes Digital, descubre que el artículo Hack Heayen (El paraíso del hacker) publicado por Glass, es falso. El joven periodista había publicado nombres de funcionarios como fuentes que no existían, inventado una empresa se software, así como a todos los personajes, lugares y situaciones que se describen en el artículo. En Hack Heayen, Glass narra la historia de un pirata informático menor de edad que engaña a las compañías de software que previamente habían sido víctimas del hacker. En definitiva, un artículo palpitante de actualidad y controversia, pero en cuyo contenido no se encuentra ni un ápice de veracidad.

A raíz del levantamiento de este reportaje por la revista Forbes Digital, el directo de The New Republic, Charles Lane, descubre que más de la mitad de los artículos que se le han publicado a Stephen Glass fueron parcial o totalmente inventados por él.

Las ansias de ser admirado y reconocido por sus compañeros de profesión, conducen al periodista a justificarse en todas las situaciones desmerecedoras que realiza. Sin embargo, la situación termina por desmoronarse y el joven reportero es despedido de la revista. Finalmente, en junio de 1998 The New Republic publica una disculpa en la que se reconoce que 27 de los 41 artículos publicados de Stephen Glass eran parcialmente o totalmente inventados.

Un dato a destacar: el medio nativo digital pionero en Estados Unidos, Forbes Digital, es quien saca a la luz las mentiras que Stephen Glass ha ido publicando en The New Repúbil, tras una exhaustiva investigación. Este medio online emplea todo tipo de métodos para comprobar la falsedad de los datos publicados en el artículo Hack Heayen, desde la consulta de libros oficiales para comprobar los nombres de los funcionarios, los buscadores de Internet para localizar a la empresa de software, o las tradicionales llamadas a diversos hackers para confirmar la existencia del pequeño pirata informático. Sin embargo, como se ha dicho, el método de comprobación de la información en el caso de The New Republic, es mucho más escueto y anticuado, pues se limitan a consultar bases de datos y anotaciones del periodista.

No quiere decir esto que los medios digitales sean superiores en este sentido a los medios impresos tradicionales, pero sí se demuestra en la película que nunca es suficiente en lo que se refiere a verificar las informaciones que se publican en los medios de comunicación, sea cual sea el formato que se emplee para difundir las noticias, pues como el protagonista del film afirma, en el periodismo, “lo que escribes lo leen personas importantes, presidentes, legisladores. Tu trabajo quizá influya en la política del país, eso es un increíble privilegio, y una gran responsabilidad”.

Se pueden deducir diversas conclusiones del caso de Stephen Glass y New Republic:

  • Periodismo siempre debe ser sinónimo de veracidad
  • Las mentiras terminan conociéndose
  • La investigación debe ser el trasfondo de todo artículo
  • El buen director de un medio defiende siempre a sus redactores
  • Si los hechos no se han comprobado lo suficiente, no los publiques
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