Mentiras triunfadoras

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El precio de la verdad

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“El periodismo consiste esencialmente en buscar la verdad”, Stephen Glass, protagonista de El precio de la verdad.

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El periodismo se debe caracterizar por la difusión de informaciones de carácter veraz. Sin embargo, se trata de un mundo en el que el éxito y las ansias de lograr la fama llevan en ocasiones a desvirtuar este principio básico de transmitir hechos noticiosos y ciertos. Esto le sucede al protagonista de El precio de la verdad: Stephen Glass es el redactor más joven de la revista de Washintong DC, The New Republic, el medio de referencia entre la clase alta norteamericana en 1998. Un periodista ambicioso que quiere impulsar su carrera a toda costa, y por ello no se priva de inventar noticias y personajes con el fin de llegar a lo más alto.

Glass logra burlar en sus reportajes el exhaustivo método que emplea The New Republic, para corregir y comprobar todo lo que se publica en el medio. Un sistema de corroboración de datos que el mismo Glass explica en una charla a futuros periodistas, “una prueba de fuego de tres días”:

“Cuando llega un escrito va a parar a un redactor que lo edita en el ordenador, llama al autor y este hace sus revisiones. El artículo pasa a un segundo redactor y el autor lo vuelve a revisar. Luego se verifica para que todos los datos del artículo, las fechas, los títulos, todos los lugares o aseveraciones se comprueben y corroboren. Después, el artículo va a parar a un redactor que lo examina una vez más, y luego pasa a unos abogados que aplican sus propios baremos. Marty (dueño del periódico) también le echa un vistazo. Luego pasa a maquetación, donde se diseña el ancho de las columnas y el tipo de letra. Después vuelve a imprimirse, vuelve al autor, al corrector, al primer redactor, al segundo redactor, al revisor de datos, al autor, y a maquetación. Una vez hecho este proceso, se vuelve a imprimir y pasa de nuevo por todos”.

Sin embargo, el mismo personaje demuestra con sus actos que esta “prueba de fuego de tres días” para comprobar todo lo que la revista publica, tiene agujeros suficientes como para filtrar noticias cuya esencia no es más que una invención de su autor. El sistema de comprobación de datos tiene algunos errores: se suelen comprobar mediante alguna clase de fuente como publicaciones especializadas o bases de datos, pero en ocasiones, las únicas comprobaciones disponibles son las anotaciones del reportero. Unas anotaciones que Glass entregará siempre a los correctores para que éstos las contrasten con la información que se publica, pero que no se tomaron en el momento en que sucedían los hechos, sino que el periodista las redactó tranquilamente sentado en su escritorio, inventando nombres, fechas, teléfonos, empresas y lugares a su conveniencia.

Este film, basado en hechos reales, plasma la distorsión de los principios básicos del periodismo, que se ven perturbados cuando quien ejerce la profesión antepone la búsqueda de su éxito personal a la labor de formar a la opinión pública transmitiendo hechos veraces.

El cinismo que muestra el protagonista al entregar a The New Republic, falsedad tras falsedad, los plasma a la perfección el mismo personaje cuando en una escena dice a uno de sus compañeros de la revista: “si no está comprobado, no lo entregues y punto”.

ImagenLa carrera de Stephen Glass parece que se impulsa sin fin cuando de repente todo se desmorona: Adam Penenberg, del medio nativo digital de Nueva York Forbes Digital, descubre que el artículo Hack Heayen (El paraíso del hacker) publicado por Glass, es falso. El joven periodista había publicado nombres de funcionarios como fuentes que no existían, inventado una empresa se software, así como a todos los personajes, lugares y situaciones que se describen en el artículo. En Hack Heayen, Glass narra la historia de un pirata informático menor de edad que engaña a las compañías de software que previamente habían sido víctimas del hacker. En definitiva, un artículo palpitante de actualidad y controversia, pero en cuyo contenido no se encuentra ni un ápice de veracidad.

A raíz del levantamiento de este reportaje por la revista Forbes Digital, el directo de The New Republic, Charles Lane, descubre que más de la mitad de los artículos que se le han publicado a Stephen Glass fueron parcial o totalmente inventados por él.

Las ansias de ser admirado y reconocido por sus compañeros de profesión, conducen al periodista a justificarse en todas las situaciones desmerecedoras que realiza. Sin embargo, la situación termina por desmoronarse y el joven reportero es despedido de la revista. Finalmente, en junio de 1998 The New Republic publica una disculpa en la que se reconoce que 27 de los 41 artículos publicados de Stephen Glass eran parcialmente o totalmente inventados.

Un dato a destacar: el medio nativo digital pionero en Estados Unidos, Forbes Digital, es quien saca a la luz las mentiras que Stephen Glass ha ido publicando en The New Repúbil, tras una exhaustiva investigación. Este medio online emplea todo tipo de métodos para comprobar la falsedad de los datos publicados en el artículo Hack Heayen, desde la consulta de libros oficiales para comprobar los nombres de los funcionarios, los buscadores de Internet para localizar a la empresa de software, o las tradicionales llamadas a diversos hackers para confirmar la existencia del pequeño pirata informático. Sin embargo, como se ha dicho, el método de comprobación de la información en el caso de The New Republic, es mucho más escueto y anticuado, pues se limitan a consultar bases de datos y anotaciones del periodista.

No quiere decir esto que los medios digitales sean superiores en este sentido a los medios impresos tradicionales, pero sí se demuestra en la película que nunca es suficiente en lo que se refiere a verificar las informaciones que se publican en los medios de comunicación, sea cual sea el formato que se emplee para difundir las noticias, pues como el protagonista del film afirma, en el periodismo, “lo que escribes lo leen personas importantes, presidentes, legisladores. Tu trabajo quizá influya en la política del país, eso es un increíble privilegio, y una gran responsabilidad”.

Se pueden deducir diversas conclusiones del caso de Stephen Glass y New Republic:

  • Periodismo siempre debe ser sinónimo de veracidad
  • Las mentiras terminan conociéndose
  • La investigación debe ser el trasfondo de todo artículo
  • El buen director de un medio defiende siempre a sus redactores
  • Si los hechos no se han comprobado lo suficiente, no los publiques
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La mentira también tiene un precio

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El periodismo es la viva imagen de la rivalidad entre compañeros. No solo entre medios del mismo soporte sino entre todos los medios, por lo que cualquiera que quiera augurarse un poco de prestigio en el panorama mediático luchará por conseguir la mejor noticia, y si la consigue, retratarla de la mejor manera posible para incitar al público a su consumo. En el caso de Stephen Glass no sería distinto, ni por parte de The New Republic ni por parte de Forbes.Imagen

Si Stephen Glass estaba consiguiendo para la revista The New Republic unos artículos que le aseguraban una buena audiencia, Forbes, el medio digital nativo en Estados Unidos, no podía pretender menos.  Adam Penenberg, redactor de Forbes, empezó a sospechar que el artículo de Glass sobre un joven hacker que era contratado por una gran compañía de seguridad informática resultaba un tanto exagerado. Las apreciaciones de Glass sobre ese artículo evidenciaban que él mismo había estado presente en las reuniones entre los ejecutivos de la compañía y el chico. A priori podría parecer fácil desenmascarar las mentiras de un periodista, pero cuando lo ha hecho repetidas veces como en el caso de Stephen Glass, se volvía difícil no creer que fuese otro de los artículos estrella que le estaban aportando tanta fama al periodista.

Según el artículo que publicó Penenberg en Forbes el día 5 de noviembre de 1998 –en el que se descubrió la mentira del hacker– sus sospechas empezaron a llegar cuando, por las curiosidades del texto, intentó acceder a la página web de la “gran compañía” que había contratado al joven hacker, Jukt Micronics, y su contenido era bastante mediocre para ser de una empresa de informática. Incluso Penenberg iba comprobando que la mayoría de datos del artículo no se asemejaban a la realidad.

En el artículo para Forbes, el periodista relató cómo intentó acceder a la empresa Just Mikronics por diferentes sendas y ninguna le llevaba a ella: ni estaba inscrita en ningún registro, ni se encontraba en los buscadores web, ni había pagado ningún impuesto como empresa. Ni siquiera las más altas esferas estadounidenses, que se supone tienen constancia de todos los movimientos empresariales del país habían oído hablar de la compañía ni de sus funciones. Estos datos, sumados a otros más directamente relacionados con las fuentes y el artículo, como teléfonos, sedes, etc., llevaron a corroborar al investigador de Forbes que el artículo era falso en su totalidad.

El buen criterio periodístico de Penenberg, en este caso, consiguió desenmascarar a un periodista que, a pesar de haber mentido en numerosas ocasiones, nunca había sido descubierto y que además se ganaba diariamente el prestigio de sus compañeros y de la sociedad por su buena labor profesional. De hecho, es curioso que de todos los artículos escritos por Glass, que fueron numerosos, nadie se diese cuenta de las mentiras hasta el famoso “Hack Heaven”. La competitividad y el afán de superación que tenía en ese momento Forbes llevaron a que sus redactores se emplearan aún más en “desacreditar” a otros medios, sobre todo por demostrar que el periodismo digital no envidiaba en nada al periodismo tradicional en cuanto a veracidad y rigor.

En cuanto a conclusiones de este caso se podría llegar a varias:

–          El periodismo es una profesión que llega al destinatario final, al público, que es el conjunto de la sociedad, por lo que la mentira en cualquier tema acaba descubriéndose tarde o temprano por unos u otros medios y actualmente de manera mucho más sencilla porque existe más feedback entre el medio y el público
–          La labor principal del periodista es informar al público de lo que sucede a su alrededor, y si el hecho que se cuenta es falso, no tiene ningún sentido su difusión
–          El prestigio que quiera conseguir el periodista en la realización de su trabajo, en este caso Glass, no debería estar en absoluto reñido con la profesionalidad. El único buen periodista es el que no miente, puesto que la mentira enturbia la profesión periodística que tiene como fin informar al pueblo de hechos veraces
–          Inventar noticias para conseguir credibilidad no deja de ser una paradoja, puesto que es totalmente imposible que al periodista que miente se le acabe tomando en serio en cualquier otro medio de comunicación, y mucho menos en la sociedad
–          El trabajo que realizó Glass para “ocultar” que la información era falsa, probablemente le llevaría más trabajo que realizar un buen artículo desde el principio. La falta de escrúpulos del periodista, en este caso, evidencia un menosprecio a la labor del informador que cada día trabaja duro para ser la voz de la gente y que realmente cuenta las cosas con objetividad y basándose en la realidad de los acontecimientos

Los medios de comunicación han cambiado mucho desde que ocurrió este caso en 1998 hasta la actualidad. Quizá el desconocimiento de los medios digitales era lo que en su día llevaba a pensar en la falta de rigor o verificación, pero realmente se ha demostrado que el soporte en el que esté escrita la noticia no tiene por qué alterarla si el profesional la analiza correctamente. A pesar de que hay medios digitales que realizan un buen trabajo, como podrían ser en España eldiario.es o el Huffington Post, aún quedan medios reticentes a dar a las nuevas tecnologías un voto de confianza. Un ejemplo es que el diario El País esperase a su edición impresa para difundir ‘Los papeles de Bárcenas’ en el escándalo del Gobierno de España, cuando podría haberlo hecho perfectamente en su edición online en el mismo momento en que los descubrió. Normalmente se ha pensado que los medios tradicionales están más comprometidos con la buena información tal vez por el hecho de que son con los que más dinero se gana, o se ganaba hasta hace poco. Pero el paso del tiempo y el avance cada día más rápido de las nuevas tecnologías aplicadas al periodismo cambiará la opinión de los indecisos y demostrará, tal como escribió Adam Penenberg en su artículo aquel 5 de noviembre del 98, que “no es el medio; es el escritor”.


Jugando con fuego

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   “El periodismo es el arte de captar el comportamiento”. Esta frase revela el tipo de periodismo que desarrollaba Stephen Glass, escritor de la revista The New Republic. Profundizando en el concepto no podemos conformarnos con esa definición de periodismo. Éste no sólo trata de captar ese comportamiento de todo aquello que ocurre en nuestro alrededor, sino que también se basa en la búsqueda y documentación de la verdad, aquella que nuestros ojos no pueden captar. El precio de la verdad es una película basada en hechos reales donde se muestra de forma escenificada y con una gran plantilla de actores, el caso de Stephen Glass en los EEUU.

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     En esta película se refleja el día a día de un periodista que trabaja en una redacción de una revista pero que sin embargo, no desenvuelve la profesión con los principios básicos que ésta posee. El tema más destacado y más significativo es la ocultación de mentiras y la publicación de datos e historias totalmente falsas para conseguir un mayor puesto de trabajo o incluso mayor popularidad. Stephen publicaba los artículos más graciosos e impactantes de la revista, ganándose a sus compañeros y dando imagen de un buen trabajo a su director y jefe. Sin embargo, el periodismo no funciona así. La esencia de la profesión es la verdad. El lector debe confiar en tus palabras, en que ellas están absolutamente contrastadas y documentadas para que la noticia sea creíble. Por desgracia, muchos periodistas tienen un gran poder de convicción y de autenticidad, incluso siendo sus historias totalmente falsas. Esto ocasiona que no se ponga en duda su trabajo y tanto el lector como los propietarios de su medio de comunicación confíen en cada línea y en cada palabra de sus textos.

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     Este acontecimiento público en los años 90 supuso un importante adelanto en los medios digitales, ya que éstos no se consideraban esenciales ni primordiales en el mundo de la comunicación. La edición digital de la revista Forbes, y más concretamente un periodista de aquella redacción conocido como Adam Pennenbeg, descubrió el falso artículo e investigó junto con Chuck Lane hasta lograr el despido de Stephen. Aun dando por verdadera una historia, se debe contrastar y verificar cada dato, así sean fechas, nombres de fuentes, lugares, números de teléfono, etc. Estamos acostumbrados a escuchar que el periodismo que se presenta en la red es de mala calidad, no debe ser fiable, o no está confrontado. Sin embargo, este hecho provocó un gran avance en el medio digital, ya que una revista web de tan pocas dimensiones y de tan poca experiencia, logró sacar a la luz una serie de mentiras y desbancar a todo un ejemplo de periodista. Adam Pennenberg, de ser un periodista oculto, pasó a ser todo un héroe en el ámbito periodístico y su trabajo fue muy reconocido y valorado. Su trabajo constante dio sus frutos pero no dejó de luchar en ningún segundo ya que confiaba en él y en su capacidad y práctica con el ordenador. Su compañera de trabajo lo resumió con estas palabras: “Una revista online persiguiendo a un gigante”.

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Cualquier periodista, o concretamente haciendo alusión a la película, especializado en el sector de la política es influenciado por las ideas y pensamientos de los gobiernos. En este caso, “The New Republic” era leída por personajes de alto poder político relacionados con la Casa Blanca por lo que las noticias eran medidas estrictamente para establecer una fidelidad a personas con tanta reputación.

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      “Siempre dices que no debemos suponer”. Esta simple cita protagonizada por Stephen a su director Chuck Lane, plasma claramente el pensamiento que debe adquirir un periodista a la hora de realizar su trabajo. No basta con suposiciones, no sobra con suponer algo acerca de un tema, sino que esa duda debe quedar diluida gracias a la búsqueda de datos y a un buen periodismo de investigación.

     Este caso tiene una clara semejanza al famoso artículo de Janet Cooke, “El mundo de Jimmy”. Esta historia narraba la vida de un niño cocainómano de tan sólo 8 años el cual no podía vivir sin consumir cualquier tipo de droga. Janet fue descubierta y reconoció haber inventado todos y cada uno de los datos de aquel artículo. En ambos casos, estas mentiras fueron achacadas por los propios protagonistas,  al gran estrés y a la gran presión ejercida por las respectivas redacciones.  Pretendían conseguir puestos más altos en sus carreras profesionales pero de la manera más equivocada. En el caso de Janet Cooke, tuvo que presentar su dimisión tras este escándalo y devolver el premio Pulizter, con el cual había sido galardonada. Por la parte de Stephen Glass, el descubrimiento de los falsos artículos provocó que fuera despedido de “The New Republic”, comenzando así la carrera de derecho y siendo actualmente asistente legal. 

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El futuro del periodismo reside en los medios online

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Título: “Newpaper, cómo la revolución digital transforma la prensa”

Autor: Abert Montagut

Número de páginas: 430

Editorial: Ediciones Deusto

Reclicarse es necesario y Albert Montagut lo sabe muy bien. A pesar de ser un profesional formado y experimentado en el mundo print pronosticó, desde un inicio, los importantes cambios que supondrían para la prensa la irrupción de la tecnología y vaticinó que, poco a poco, los medios online irían ganado terreno a los medios print. Por ello, al periodista catalán todo este nuevo mundo tecnológico no le ha pillado por sorpresa. En este nuevo libro, Montagut describe su salto del mundo impreso al digital y, además, recoge las opiniones de algunos de sus colegas periodistas sobre este tema.

Las ventajas que introducen las nuevas tecnologías en el mundo de la comunicación son evidentes. Como se recoge en el libro, el contenido online permite ver al instante aquellos hechos que acaban de ocurrir, algo sin duda impensable veinte años atrás. El periodista Craig Forman señala que las nuevas tecnologías dan amplitud de fuentes y una mayor profundidad a la información. Los lectores se han adaptado a poder informarse sobre un mismo hecho desde distintos puntos de vista gracias a  la amplia red que supone internet. Por otro lado, con solo un click el usuario puede remontarse al origen de cualquier noticia. Algo que hace unos años era una ardua tarea que se traducía en horas y horas entre archivos. Sin duda internet es un avance y un símbolo de desarrollo en muchos sentidos.

Pero no todo lo que brilla es oro. La era digital ha magnificado la importancia de la rapidez a la hora de contar un acontecimiento noticioso. De hecho, la falta de tiempo es una de las cosas que los periodistas print acusan más a los nuevos medios online. La celeridad ha adquirido un valor supremo en las versiones online de los diarios impresos. “Los periodistas se han hecho a la idea de que las noticias no son las que aparecerán mañana en el periódico sino las que aparecen hoy en la web”, asegura Fernando Baeta. Pero, sin lugar a dudas, la rapidez condiciona la calidad informativa.  Ahora el público está conectado las 24 horas a las redacciones y  el ciclo informativo no cesa, por ello, los profesionales que trabajan para las versiones online de los periódicos acaban cometiendo errores. Las prisas nunca fueron buenas.

Montagut califica a Internet como un “pozo sin fondo”. El periodista viene a decir que la red representa un gurú que tiene en su poder las respuestas para todo y, por supuesto, la última hora de la actualidad a todos los niveles. Lo que significa que los medios digitales deben estar en constante actualización. Por ello en muchas de las versiones online de los periódicos que trabajan para las versiones online de los periódicos se impone a la calidad de estas.  Como expone el periodista y ganador del Premio Planeta Enric González “lo que se gana en rapidez se pierde en reflexión y en perspectiva”. Por tanto, el periodismo sigue siendo eso, periodismo aunque es la calidad del trabajo la que se ve mermada. Hay determinadas informaciones que antes de ser contadas deben ser analizadas coma por coma, además de que deben estar profundamente contrastadas. ¿La celeridad que impone la web permite que se cumpla este requisito tan básico del buen periodismo?

Otro de los debates que se exponen en este libro es el asunto de pagar o no por los contenidos. En el libro se recoge la opinión del director del diario El Mundo Pedro J. Ramírez, quien asegura que “se ha cometido un error colectivo extraordinario al distribuir contenidos de alto valor añadido a través de canales gratuitos y lo estamos pagando y estamos ante la urgente necesidad de rectificar eso”. Montagut respalda la visión de Pedro J. y asegura que los medios online deberían ser de pago. En la actualidad, todos los diarios cuentan en su web  con su versión online, en la que se ofrecen noticias de forma totalmente gratuita, y su versión orbyt, en la cual el periódico se ofrece de forma íntegra y a un menos coste que en los quioscos. Puede que este sea el primer paso en el camino de rectificación. Aunque, tal vez, el segundo paso sería eliminar cualquier contenido informativo redactado por un profesional de la web. Los periodistas elaboran un producto y deben percibir un salario por ello, algo que cada día se hace más complicado con la gratuidad que ofrece la web. Además, otro de los factores que han favorecido la caída de los medios impresos ha sido la reducción del número de publicidad en la prensa. Desde 2007 hasta 2012 los medios print han visto como las inversiones en publicidad disminuían a la mitad, en concreto de ocho mil millones a cuatro mil millones. También la aparición del periodismo ciudadano ejercerá una influencia definitiva durante estos años para consolidar a la web como un medio de comunicación más libre que los tradicionales.

Poco a poco, la red se ha ido introduciendo en la ciudadanía. Su uso y disfrute es ahora algo de lo más normal. El periodismo ha evolucionado y se ha sabido adaptar a los nuevos tiempos, mejor o peor, pero el cambio es evidente. Entre nuestra generación siempre quedarán algunos  románticos del periodismo que considerarán prácticamente como algo dogmático el hecho de leer un periódico en papel y disfrutar de esa lectura. Pero lo que es evidente es que el futuro del periodismo no está en el papel sino en la red.

Cinco titulares:

“La rapidez condiciona la calidad informativa”

“Hay un compromiso con los lectores y uan responsabilidad en las informaciones publicadas”

“El mundo online debe ser la herramienta para llevar a cabo el cambio social”

Los soportes son complementarios

El mundo online depende del periodismo


Poca influencia local en los medios nacionales

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Tras realizar un seguimiento durante cinco días de dos diarios provinciales como son el Información y La Verdad y de otras dos publicaciones de carácter nacional como son El País y El Mundo se puede afirmar que los medios que se centran en información local realizan una mejor cobertura sobre los acontecimientos que se dan en los municipios.

La presencia de noticias de carácter local en diarios nacionales es bastantes escasa. Especialmente, esto se puede comprobar en las portadas. Por ejemplo, en la portada del jueves 7 de febrero de 2013 de El País no aparece ninguna referencia a hechos locales a pesar de que ese mismo día el Información destaca en su primera los problemas que tienen los vecinos  de Alicante con la construcción de un edificio. Así mismo, el sábado 9 de febrero la portada de La Verdad mostraba en su foto principal un desahucio en la localidad alicantina mientras que en los diarios nacionales no se hacía referencia a este hecho.

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En el artículo de Daniel Askt se expone la opinión del profesor Philip Meyer, quien asegura que  “los grandes mercados de periódicos tienen una cobertura mucho más local que los mercados pequeños”. Según este seguimiento dicha afirmación no se podría aplicar a los diarios analizados, dado que es evidente que los periódicos nacionales no cubren con tanta intensidprovinciaad los acontecimientos locales. Es cierto que los diarios nacionales tienen tiradas específicas para cada comunidad autónoma pero el análisis que puedan realizar a nivel local no se puede comparar con el que lleve a cabo un medio ubicado en el municipio en cuestión. Por ejemplo, el diario Información adapta sus contenidos según la localidad donde se difunda. Esto es, las diez primeras páginas de la versión dirigida a Alicante se centran en noticias exclusivas de la capital. Sin embargo, el mismo diario repartido en la comarca del Vinalopó tiene distintos contenidos e incluso la portada puede variar con el fin de enfocar su información en una región concreta. 

Por otro lado, los ciudadanos ya se han adaptado a la oferta que proporcionan los medios. Por ello, si el lector desea conocer la actualidad nacional acudirá a diarios como El País o El Mundo mientras que si quiere conocer la actualidad de su alrededor acudirá a diarios provinciales o incluso locales.

 


La revolución de los soportes

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Ficha técnica

Título: “Newpaper. Cómo la evolución digital transforma la prensa”

Autor: Albert Montagut

Número de páginas: 432

Editorial: Deusto

Prólogo: Vicente Verdú

Palabras clave: periodismo, digital, multimedia, online, tecnología

El periodista Albert Montagut (Barcelona, 1957) revela en su último libro, Newpaper, cómo la información ha pasado progresivamente de las manos impresas a las digitales.Imagen

Desvela en este libro el miedo que sentían los profesionales de la información en lo que se refería al paso del print al online. No sólo estaban atemorizados por la “pretensión de gratuidad” que parecía asomarse en cada paso del proceso, sino también la rapidez con la que iban llegando esos cambios a los periodistas que se sentaban en la redacción de un periódico impreso. Montagut lo describe en sus páginas: “Cuando entró internet en la redacción, (…) no supimos hacerla nuestra, no estábamos preparados”.

Según aclara Albert Montagut, un periodista ‘del papel’ estaba acostumbrado a trabajar sin la presión de la instantaneidad propia del periodismo digital, y por supuesto, ajeno a todo lo que tuviese que ver con la tecnología. No se daba cuenta de que la distinción que se estaba creando en ese momento entre periodista print y online debería desaparecer antes de lo esperado.

A la hora de incorporarse al mundo del periodismo online, Albert Montagut ha contado con la experiencia de cantidad de profesionales bien preparados. Desde Mario Tascón, que diseñó la web de El Mundo, hasta Alfonso Rojo, Ignacio Escolar o Gumersindo Lafuente: Montagut cuenta con las opiniones, anécdotas y comentarios de compañeros de profesión sobre temas que han marcado de una u otra forma la evolución del periodismo e incluso algunos se precipitan a vaticinar hechos, como es el caso de Vicent Partal que afirma que seguirá habiendo diarios en papel en un futuro, pero no diarios sino de forma trimestral o semanal.

Una reflexión importante es la que hace el periodista sobre los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, aprovechando el marco de la situación para criticar el apego de los periodistas al “juego” de los gobiernos y la “falta de curiosidad y escepticismo” con el que muchos profesionales trataron temas espinosos relacionados con el poder. En España, también muestra la labor de los medios de comunicación en cuanto a las informaciones precipitadas y sin contrastar que dio el Gobierno acerca de los atentados que se produjeron en Madrid el 11 de marzo de 2004.

De la misma forma, el autor de Fe de errores confirma la dificultad de aunar el beneficio económico con el nuevo formato online, que permite que el lector llegue a todos los contenidos elaborados por profesionales sin responder monetariamente por lo que se teme que el medio deba asociarse a algún poder, perdiendo así toda su independencia.

Además, otra teoría plasmada en el escrito es la añoranza. Según el periodista Fernando Jáuregui, el hecho de que siempre se haya identificado a los diarios de prestigio con el papel provoca que los medios online parezcan menos serios, más frívolos sobre todo cuando se los asocia con los diarios confidenciales o “de chismes”. Aunque como bien sentencia Albert Montagut, “la honestidad profesional debería ser un elemento que no distinguiera entre entorno print y online”. Y hablando de distinciones, Montagut ha intentado dejar claro por todos los medios que “la prensa impresa e internet son dos medios complementarios, que se necesitan mutuamente para completar la imagen de la sociedad actual”, ya que el perioImagendista debe tener las mismas aptitudes independientemente del medio en el que trabaje; y las distintas redacciones de digital e impreso de un mismo medio deben fundirse en una sola.

El que fuese director de ADN habla también de cómo ha afectado la crisis al ya maltrecho periodismo impreso en lo que se refiere a caída publicitaria, que hace que los periodistas tengan que luchar día a día por sobrevivir en este entorno. Los diarios online, aunque no producían muchos ingresos, eran más baratos en cuanto a producción, por lo que los anunciantes se han ido trasladando de un soporte a otro para tener más visibilidad en la sociedad actual. Ya desde el 2010, Albert Montagut lamenta el camino a la destrucción al que han llegado los diarios impresos, más aún con el lanzamiento de nuevas tecnologías, como el iPad, que adelanta bastante el declive del papel. Termina su escrito con el consejo de mejorar el diseño de los diarios y de las tecnologías que los sustentan y anima a los profesionales a mejorar, a formarse, porque al fin y al cabo la información, sea como sea, siempre va a resultar necesaria.

Titulares

– La información siempre va a ser valiosa y necesaria

– La distinción entre periodista print y online debe desaparecer

– En el periodismo de hoy falta curiosidad y escepticismo

– Un buen medio debe ser creíble y rentable

– El periodista debe formarse y mejorar para revalorizar su trabajo


Enrique Meneses, sombra del buen periodismo

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El pasado 6 de enero fallecía el fotógrafo y redactor Enrique Meneses (Madrid, 1929), convaleciente desde hacía doce años a causa de una obstrucción pulmonar. La trayectoria profesional del periodista no deja indiferente a nadie. Trabajó para decenas de medios de comunicación y fue corresponsal en Oriente Medio y la India.

Se podrían destacar entre sus trabajos la dirección del programa A toda plana de Televisión Española y de la edición española de Playboy, pero estas no dejan de ser solo una parte de todas las labores que realizó en su larga carrera profesional.

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Enrique Meneses se inició en un periodismo en el que las máquinas de escribir y la presencia en los acontecimientos era algo indispensable para crear buenas informaciones, y ha fallecido en el momento auge del periodismo digital en el que las redacciones informatizadas y las nuevas tecnologías inundan cada rincón de la profesión.

Son dos etapas muy distintas para una misma función, la de informar, y a las que el periodista supo adaptarse desde el primer momento. Un ejemplo de ello es el Premio Bitácora que recibió en 2008 al mejor blog de política, así como la fluida actividad de su cuenta de Twitter, todavía hoy abierta a los usuarios. Como periodista entregado y perseverante que fue, Meneses logró ser el primer reportero que ascendió a Sierra Maestra con el Ché Guevara y Fidel Castro durante la Revolución Cubana; acontecimientos de los que años después se derivaron dos libros sobre el líder histórico: Fidel Castro (1966) y Castro, empieza la revolución (1995).

El octogenario periodista no dejó de teclear y disfrutar haciendo lo que mejor sabía hacer: buen periodismo, hasta sus últimos momentos. Los cambios en la profesión desde que Meneses se iniciara en la redacción han sido cuantiosos, pero se supo adaptar a todos ellos a la perfección, aprovechándolos, convencido de que las nuevas tecnologías son una gran herramienta de la que el periodismo puede y debe nutrirse, pues el soporte en el que él plasmó sus artículos nunca cambiaron la esencia que en ellos se contenía.

Para saber más sobre Enrique Meneses:

En julio de 2008 Enrique Meneses publicaba un Decálogo del aventurero en el que resumía en diez puntos los mejores consejos para ser un buen corresponsal, basándose en su trayectoria como tal.

DECÁLOGO DEL AVENTURERO, por Enrique Meneses [30/07/2008]

1.-  Piensa que no has heredado este planeta sino que lo tienes en usufructo y has de devolverlo mejor que lo encontraste.

2.-  El artículo anterior te obliga a respetar a los animales, las plantas y los minerales. Entre los primeros no solo está el hombre. Por añadidura, el más débil tiene razón.

3.-  La cultura occidental es la que se ha impuesto en el mundo pero no significa que sea la auténtica. Respeta el saber de los demás como el tuyo propio.

4.-  La mujer y el niño son la Humanidad en su más puro estado. Respétalos siempre, pues son la semilla que hay en ti.

5.-  Lo que han fabricado manos de hombre en un entorno, debe permanecer en ese ambiente. Lucha porque así sea.

6.-  El animal más feroz es menos peligroso que tu. El mayor depredador de la Tierra es el hombre.

7.-  Si todos fuésemos iguales, este planeta sería aburridísimo en extremo. Ayuda a que todos sus habitantes sigan siendo ellos mismos y defiende sus costumbres siempre que estas no atenten a la dignidad de sus semejantes.

8.-  Reparar no es restaurar. Cuando destruimos un bosque, jamás lo podremos reconstruir como fue. Solo ponemos esparadrapos.

9.-  Escucha a los indígenas y a los mayores. Sus enseñanzas te serán valiosas en el futuro. No los desprecies. Son la experiencia de nuestra estirpe, nuestra memoria genética.

10.- Si eres un auténtico aventurero, sé fuerte con los fuertes y débil con los débiles. Y así, como decía Rudyard Kipling, te podrás llamar “hombre”.


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