Archivo mensual: marzo 2013

El fin no siempre justifica los medios

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Stephen Glass quiso llegar a la meta sin haber recorrido el suficiente camino. El uso de fuentes, datos y material inventado fue la tónica habitual en el desarrollo de la actividad profesional de este periodista norteamericano en uno de los diarios más importantes de EEUU, “The New Republic” (TNR). Glass desafió uno de los principios básicos de la profesión, el de la veracidad, lo que le convirtió en uno de los grandes farsantes de la comunicación. Su itinerario periodístico se saldó con 27 reportajes inventados, total o parcialmente, de los 41 que escribió. Su imaginación y su descaro no tenían límites, eso está claro. De hecho, una vez retirado de la profesión y ya reconvertido en abogado, tuvo la osadía de escribir una novela titulada “El Fabulador”, en la que narraba su andadura en el mundo del periodismo. Parece que, con los años, el letrado Glass decidió ser fiel a la realidad, asumirla y hacerla pública.

Adam L. Penenberg fue el azote de Glass. Este hombre, que trabajaba en aquel momento para la edición online de Forbes, fue el culpable del declive de Glass. El redactor investigó durante un tiempo la existencia de las fuentes, los datos y los hechos que se describían en el reportaje titulado “El cielo de los hackers”, firmado por Glass. La sorpresa fue cuando ninguno de los datos que contenía el artículo eran verídicos. Los protagonistas de la historia no existían, las reuniones que se narraban nunca se celebraron y ni  siquiera la empresa en la que se centraba el relato era real. Toda una farsa que Penenberg descubrió a medida que continuaba haciendo indagaciones. Con su labor, este reportero digital imprimió un gran giro a la prensa estadounidense y borró del ideario común la concepción de que un medio impreso posee más veracidad que uno online. A partir de aquel momento, los periódicos digitales y sobretodo a aquellos que se ocupaban de ellos, adquirieron más respeto y confianza en el mundo de la comunicación. Esta vez el pez pequeño se comió al grande, pues no hay que olvidar que la publicación centenaria TNR  es una de las más respetadas en EEUU y se encuentra entre las más leídas por la clase política de esta nación. Esto explica que, tras el descubrimiento de Penenberg TNR despidiese de inmediato a Glass y que toda la plantilla firmase un escrito disculpándose ante los lectores por la actitud y la falta de ética profesional de su ya excompañero.

En la actualidad, la calidad de los medios online se ha equiparado a la de la prensa escrita. De hecho, muchos vaticinan que el futuro de la comunicación reside en lo digital. A pesar de ello, hay que reconocer a la hora de informarse a través de internet hay dos formas de hacerlo, entre las que hay una marcada diferencia. Por un lado, hay lectores que acuden a medios que usan la web para llegar a los usuarios pero cuyos redactores se toman su tiempo en conocer, redactar y verificar los datos de sus crónicas y reportajes. Por otro, se  encuentran muchos sitios web que se dedican a recoger informaciones de última hora sin valorar el estilo del texto ni su veracidad ya que, en la mayoría de ocasiones, lo que prima en el mundo online es la celeridad en la transmisión de informaciones. Esta hecho provoca que en muchas ocasiones los medios se vean obligados a llevar a cabo rectificaciones. Aunque también hay que admitir que en muchas otras están en lo cierto y los lectores pueden estar informados minuto a minuto de los acontecimientos más importantes. Ventajas e inconvenientes del fascinante mundo de la red.

El caso Glass, uno de los más fraudes periodísticos más importantes de todos los tiempos, lleva a la conclusión de que en algunos ámbitos del periodismo el éxito y el triunfo personal son los objetivos primordiales para un profesional. Algo erróneo a la par que indecente, pues ningún periodista debe olvidar nunca que simplemente es una herramienta que cumple una función en la sociedad: informar a la población de los acontecimientos, de la forma más objetiva posible, siendo siempre fieles a la verdad. De hecho, los códigos deontológicos e incluso en la Ley no castiga a un redactor por difundir información falsa, siempre y cuando éste pueda demostrar que ha desarrollado su labor buscando la verdad, aunque finalmente se haya equivocado. La equivocación no está penada pues errar es humano. La falta de profesionalidad y ética, sí.

Otro de los valores que ensalza esta historia es el compañerismo que debe existir entre los trabajadores. Un compañerismo que en la competición por ser el primero y tener la primicia que marca el día a día en el mundo de la comunicación, a veces, brilla por su ausencia. Por supuesto, la necesidad de ser honesto en todo lo que se haga es uno de los mensajes más claros que nos transmite esta historia. Los hechos que los periodistas narran deben estar basados en datos y acontecimientos reales, que además tienen que haber sido comprobados por los profesionales, de forma muy escrupulosa, antes de salir a la luz pública. Pues no olvidemos que, al fin y al cabo, el cometido de un buen periodista es permitir que los ciudadanos formen su propia opinión de manera libre. Así que, una información errónea, aunque más adelante sea rectificada, siempre es negativa.


Mentiras triunfadoras

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El precio de la verdad

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“El periodismo consiste esencialmente en buscar la verdad”, Stephen Glass, protagonista de El precio de la verdad.

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El periodismo se debe caracterizar por la difusión de informaciones de carácter veraz. Sin embargo, se trata de un mundo en el que el éxito y las ansias de lograr la fama llevan en ocasiones a desvirtuar este principio básico de transmitir hechos noticiosos y ciertos. Esto le sucede al protagonista de El precio de la verdad: Stephen Glass es el redactor más joven de la revista de Washintong DC, The New Republic, el medio de referencia entre la clase alta norteamericana en 1998. Un periodista ambicioso que quiere impulsar su carrera a toda costa, y por ello no se priva de inventar noticias y personajes con el fin de llegar a lo más alto.

Glass logra burlar en sus reportajes el exhaustivo método que emplea The New Republic, para corregir y comprobar todo lo que se publica en el medio. Un sistema de corroboración de datos que el mismo Glass explica en una charla a futuros periodistas, “una prueba de fuego de tres días”:

“Cuando llega un escrito va a parar a un redactor que lo edita en el ordenador, llama al autor y este hace sus revisiones. El artículo pasa a un segundo redactor y el autor lo vuelve a revisar. Luego se verifica para que todos los datos del artículo, las fechas, los títulos, todos los lugares o aseveraciones se comprueben y corroboren. Después, el artículo va a parar a un redactor que lo examina una vez más, y luego pasa a unos abogados que aplican sus propios baremos. Marty (dueño del periódico) también le echa un vistazo. Luego pasa a maquetación, donde se diseña el ancho de las columnas y el tipo de letra. Después vuelve a imprimirse, vuelve al autor, al corrector, al primer redactor, al segundo redactor, al revisor de datos, al autor, y a maquetación. Una vez hecho este proceso, se vuelve a imprimir y pasa de nuevo por todos”.

Sin embargo, el mismo personaje demuestra con sus actos que esta “prueba de fuego de tres días” para comprobar todo lo que la revista publica, tiene agujeros suficientes como para filtrar noticias cuya esencia no es más que una invención de su autor. El sistema de comprobación de datos tiene algunos errores: se suelen comprobar mediante alguna clase de fuente como publicaciones especializadas o bases de datos, pero en ocasiones, las únicas comprobaciones disponibles son las anotaciones del reportero. Unas anotaciones que Glass entregará siempre a los correctores para que éstos las contrasten con la información que se publica, pero que no se tomaron en el momento en que sucedían los hechos, sino que el periodista las redactó tranquilamente sentado en su escritorio, inventando nombres, fechas, teléfonos, empresas y lugares a su conveniencia.

Este film, basado en hechos reales, plasma la distorsión de los principios básicos del periodismo, que se ven perturbados cuando quien ejerce la profesión antepone la búsqueda de su éxito personal a la labor de formar a la opinión pública transmitiendo hechos veraces.

El cinismo que muestra el protagonista al entregar a The New Republic, falsedad tras falsedad, los plasma a la perfección el mismo personaje cuando en una escena dice a uno de sus compañeros de la revista: “si no está comprobado, no lo entregues y punto”.

ImagenLa carrera de Stephen Glass parece que se impulsa sin fin cuando de repente todo se desmorona: Adam Penenberg, del medio nativo digital de Nueva York Forbes Digital, descubre que el artículo Hack Heayen (El paraíso del hacker) publicado por Glass, es falso. El joven periodista había publicado nombres de funcionarios como fuentes que no existían, inventado una empresa se software, así como a todos los personajes, lugares y situaciones que se describen en el artículo. En Hack Heayen, Glass narra la historia de un pirata informático menor de edad que engaña a las compañías de software que previamente habían sido víctimas del hacker. En definitiva, un artículo palpitante de actualidad y controversia, pero en cuyo contenido no se encuentra ni un ápice de veracidad.

A raíz del levantamiento de este reportaje por la revista Forbes Digital, el directo de The New Republic, Charles Lane, descubre que más de la mitad de los artículos que se le han publicado a Stephen Glass fueron parcial o totalmente inventados por él.

Las ansias de ser admirado y reconocido por sus compañeros de profesión, conducen al periodista a justificarse en todas las situaciones desmerecedoras que realiza. Sin embargo, la situación termina por desmoronarse y el joven reportero es despedido de la revista. Finalmente, en junio de 1998 The New Republic publica una disculpa en la que se reconoce que 27 de los 41 artículos publicados de Stephen Glass eran parcialmente o totalmente inventados.

Un dato a destacar: el medio nativo digital pionero en Estados Unidos, Forbes Digital, es quien saca a la luz las mentiras que Stephen Glass ha ido publicando en The New Repúbil, tras una exhaustiva investigación. Este medio online emplea todo tipo de métodos para comprobar la falsedad de los datos publicados en el artículo Hack Heayen, desde la consulta de libros oficiales para comprobar los nombres de los funcionarios, los buscadores de Internet para localizar a la empresa de software, o las tradicionales llamadas a diversos hackers para confirmar la existencia del pequeño pirata informático. Sin embargo, como se ha dicho, el método de comprobación de la información en el caso de The New Republic, es mucho más escueto y anticuado, pues se limitan a consultar bases de datos y anotaciones del periodista.

No quiere decir esto que los medios digitales sean superiores en este sentido a los medios impresos tradicionales, pero sí se demuestra en la película que nunca es suficiente en lo que se refiere a verificar las informaciones que se publican en los medios de comunicación, sea cual sea el formato que se emplee para difundir las noticias, pues como el protagonista del film afirma, en el periodismo, “lo que escribes lo leen personas importantes, presidentes, legisladores. Tu trabajo quizá influya en la política del país, eso es un increíble privilegio, y una gran responsabilidad”.

Se pueden deducir diversas conclusiones del caso de Stephen Glass y New Republic:

  • Periodismo siempre debe ser sinónimo de veracidad
  • Las mentiras terminan conociéndose
  • La investigación debe ser el trasfondo de todo artículo
  • El buen director de un medio defiende siempre a sus redactores
  • Si los hechos no se han comprobado lo suficiente, no los publiques

La mentira también tiene un precio

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El periodismo es la viva imagen de la rivalidad entre compañeros. No solo entre medios del mismo soporte sino entre todos los medios, por lo que cualquiera que quiera augurarse un poco de prestigio en el panorama mediático luchará por conseguir la mejor noticia, y si la consigue, retratarla de la mejor manera posible para incitar al público a su consumo. En el caso de Stephen Glass no sería distinto, ni por parte de The New Republic ni por parte de Forbes.Imagen

Si Stephen Glass estaba consiguiendo para la revista The New Republic unos artículos que le aseguraban una buena audiencia, Forbes, el medio digital nativo en Estados Unidos, no podía pretender menos.  Adam Penenberg, redactor de Forbes, empezó a sospechar que el artículo de Glass sobre un joven hacker que era contratado por una gran compañía de seguridad informática resultaba un tanto exagerado. Las apreciaciones de Glass sobre ese artículo evidenciaban que él mismo había estado presente en las reuniones entre los ejecutivos de la compañía y el chico. A priori podría parecer fácil desenmascarar las mentiras de un periodista, pero cuando lo ha hecho repetidas veces como en el caso de Stephen Glass, se volvía difícil no creer que fuese otro de los artículos estrella que le estaban aportando tanta fama al periodista.

Según el artículo que publicó Penenberg en Forbes el día 5 de noviembre de 1998 –en el que se descubrió la mentira del hacker– sus sospechas empezaron a llegar cuando, por las curiosidades del texto, intentó acceder a la página web de la “gran compañía” que había contratado al joven hacker, Jukt Micronics, y su contenido era bastante mediocre para ser de una empresa de informática. Incluso Penenberg iba comprobando que la mayoría de datos del artículo no se asemejaban a la realidad.

En el artículo para Forbes, el periodista relató cómo intentó acceder a la empresa Just Mikronics por diferentes sendas y ninguna le llevaba a ella: ni estaba inscrita en ningún registro, ni se encontraba en los buscadores web, ni había pagado ningún impuesto como empresa. Ni siquiera las más altas esferas estadounidenses, que se supone tienen constancia de todos los movimientos empresariales del país habían oído hablar de la compañía ni de sus funciones. Estos datos, sumados a otros más directamente relacionados con las fuentes y el artículo, como teléfonos, sedes, etc., llevaron a corroborar al investigador de Forbes que el artículo era falso en su totalidad.

El buen criterio periodístico de Penenberg, en este caso, consiguió desenmascarar a un periodista que, a pesar de haber mentido en numerosas ocasiones, nunca había sido descubierto y que además se ganaba diariamente el prestigio de sus compañeros y de la sociedad por su buena labor profesional. De hecho, es curioso que de todos los artículos escritos por Glass, que fueron numerosos, nadie se diese cuenta de las mentiras hasta el famoso “Hack Heaven”. La competitividad y el afán de superación que tenía en ese momento Forbes llevaron a que sus redactores se emplearan aún más en “desacreditar” a otros medios, sobre todo por demostrar que el periodismo digital no envidiaba en nada al periodismo tradicional en cuanto a veracidad y rigor.

En cuanto a conclusiones de este caso se podría llegar a varias:

–          El periodismo es una profesión que llega al destinatario final, al público, que es el conjunto de la sociedad, por lo que la mentira en cualquier tema acaba descubriéndose tarde o temprano por unos u otros medios y actualmente de manera mucho más sencilla porque existe más feedback entre el medio y el público
–          La labor principal del periodista es informar al público de lo que sucede a su alrededor, y si el hecho que se cuenta es falso, no tiene ningún sentido su difusión
–          El prestigio que quiera conseguir el periodista en la realización de su trabajo, en este caso Glass, no debería estar en absoluto reñido con la profesionalidad. El único buen periodista es el que no miente, puesto que la mentira enturbia la profesión periodística que tiene como fin informar al pueblo de hechos veraces
–          Inventar noticias para conseguir credibilidad no deja de ser una paradoja, puesto que es totalmente imposible que al periodista que miente se le acabe tomando en serio en cualquier otro medio de comunicación, y mucho menos en la sociedad
–          El trabajo que realizó Glass para “ocultar” que la información era falsa, probablemente le llevaría más trabajo que realizar un buen artículo desde el principio. La falta de escrúpulos del periodista, en este caso, evidencia un menosprecio a la labor del informador que cada día trabaja duro para ser la voz de la gente y que realmente cuenta las cosas con objetividad y basándose en la realidad de los acontecimientos

Los medios de comunicación han cambiado mucho desde que ocurrió este caso en 1998 hasta la actualidad. Quizá el desconocimiento de los medios digitales era lo que en su día llevaba a pensar en la falta de rigor o verificación, pero realmente se ha demostrado que el soporte en el que esté escrita la noticia no tiene por qué alterarla si el profesional la analiza correctamente. A pesar de que hay medios digitales que realizan un buen trabajo, como podrían ser en España eldiario.es o el Huffington Post, aún quedan medios reticentes a dar a las nuevas tecnologías un voto de confianza. Un ejemplo es que el diario El País esperase a su edición impresa para difundir ‘Los papeles de Bárcenas’ en el escándalo del Gobierno de España, cuando podría haberlo hecho perfectamente en su edición online en el mismo momento en que los descubrió. Normalmente se ha pensado que los medios tradicionales están más comprometidos con la buena información tal vez por el hecho de que son con los que más dinero se gana, o se ganaba hasta hace poco. Pero el paso del tiempo y el avance cada día más rápido de las nuevas tecnologías aplicadas al periodismo cambiará la opinión de los indecisos y demostrará, tal como escribió Adam Penenberg en su artículo aquel 5 de noviembre del 98, que “no es el medio; es el escritor”.


Jugando con fuego

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   “El periodismo es el arte de captar el comportamiento”. Esta frase revela el tipo de periodismo que desarrollaba Stephen Glass, escritor de la revista The New Republic. Profundizando en el concepto no podemos conformarnos con esa definición de periodismo. Éste no sólo trata de captar ese comportamiento de todo aquello que ocurre en nuestro alrededor, sino que también se basa en la búsqueda y documentación de la verdad, aquella que nuestros ojos no pueden captar. El precio de la verdad es una película basada en hechos reales donde se muestra de forma escenificada y con una gran plantilla de actores, el caso de Stephen Glass en los EEUU.

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     En esta película se refleja el día a día de un periodista que trabaja en una redacción de una revista pero que sin embargo, no desenvuelve la profesión con los principios básicos que ésta posee. El tema más destacado y más significativo es la ocultación de mentiras y la publicación de datos e historias totalmente falsas para conseguir un mayor puesto de trabajo o incluso mayor popularidad. Stephen publicaba los artículos más graciosos e impactantes de la revista, ganándose a sus compañeros y dando imagen de un buen trabajo a su director y jefe. Sin embargo, el periodismo no funciona así. La esencia de la profesión es la verdad. El lector debe confiar en tus palabras, en que ellas están absolutamente contrastadas y documentadas para que la noticia sea creíble. Por desgracia, muchos periodistas tienen un gran poder de convicción y de autenticidad, incluso siendo sus historias totalmente falsas. Esto ocasiona que no se ponga en duda su trabajo y tanto el lector como los propietarios de su medio de comunicación confíen en cada línea y en cada palabra de sus textos.

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     Este acontecimiento público en los años 90 supuso un importante adelanto en los medios digitales, ya que éstos no se consideraban esenciales ni primordiales en el mundo de la comunicación. La edición digital de la revista Forbes, y más concretamente un periodista de aquella redacción conocido como Adam Pennenbeg, descubrió el falso artículo e investigó junto con Chuck Lane hasta lograr el despido de Stephen. Aun dando por verdadera una historia, se debe contrastar y verificar cada dato, así sean fechas, nombres de fuentes, lugares, números de teléfono, etc. Estamos acostumbrados a escuchar que el periodismo que se presenta en la red es de mala calidad, no debe ser fiable, o no está confrontado. Sin embargo, este hecho provocó un gran avance en el medio digital, ya que una revista web de tan pocas dimensiones y de tan poca experiencia, logró sacar a la luz una serie de mentiras y desbancar a todo un ejemplo de periodista. Adam Pennenberg, de ser un periodista oculto, pasó a ser todo un héroe en el ámbito periodístico y su trabajo fue muy reconocido y valorado. Su trabajo constante dio sus frutos pero no dejó de luchar en ningún segundo ya que confiaba en él y en su capacidad y práctica con el ordenador. Su compañera de trabajo lo resumió con estas palabras: “Una revista online persiguiendo a un gigante”.

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Cualquier periodista, o concretamente haciendo alusión a la película, especializado en el sector de la política es influenciado por las ideas y pensamientos de los gobiernos. En este caso, “The New Republic” era leída por personajes de alto poder político relacionados con la Casa Blanca por lo que las noticias eran medidas estrictamente para establecer una fidelidad a personas con tanta reputación.

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      “Siempre dices que no debemos suponer”. Esta simple cita protagonizada por Stephen a su director Chuck Lane, plasma claramente el pensamiento que debe adquirir un periodista a la hora de realizar su trabajo. No basta con suposiciones, no sobra con suponer algo acerca de un tema, sino que esa duda debe quedar diluida gracias a la búsqueda de datos y a un buen periodismo de investigación.

     Este caso tiene una clara semejanza al famoso artículo de Janet Cooke, “El mundo de Jimmy”. Esta historia narraba la vida de un niño cocainómano de tan sólo 8 años el cual no podía vivir sin consumir cualquier tipo de droga. Janet fue descubierta y reconoció haber inventado todos y cada uno de los datos de aquel artículo. En ambos casos, estas mentiras fueron achacadas por los propios protagonistas,  al gran estrés y a la gran presión ejercida por las respectivas redacciones.  Pretendían conseguir puestos más altos en sus carreras profesionales pero de la manera más equivocada. En el caso de Janet Cooke, tuvo que presentar su dimisión tras este escándalo y devolver el premio Pulizter, con el cual había sido galardonada. Por la parte de Stephen Glass, el descubrimiento de los falsos artículos provocó que fuera despedido de “The New Republic”, comenzando así la carrera de derecho y siendo actualmente asistente legal. 

 final


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